Panamá niega lo que los datos gritan: el cambio de patrón en las detenciones chinas no tiene explicación técnica
En marzo de 2026, China detuvo 92 barcos panameños — casi el triple del año anterior. El gobierno lo llama técnico. Los datos del Tokyo MOU cuentan otra historia.
El presidente de Panamá, José Raúl Mulino, descartó este 9 de abril que el aumento de inspecciones chinas a buques con bandera panameña sea una represalia política. Según Bloomberg Línea, Mulino aseguró haber transmitido su preocupación a China, aunque calificó el asunto de "técnico".

"No tienen que ver con retaliaciones políticas. A lo mejor, ellos quieren intensificar la revisión de los buques desde el punto de vista de seguridad marítima."
— José Raúl Mulino, presidente de Panamá · Bloomberg Línea, 9 de abril de 2026
El administrador de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP), Luis Roquebert, fue en la misma línea: "Lastimosamente, la bandera nuestra es la número uno todavía, somos 8.600 barcos y, por ende, la estadística repunta ahí. Las inspecciones nuestras van a ser mayores porque tenemos muchos más barcos en el mundo".
Dos funcionarios panameños, dos explicaciones técnicas. El problema es que los datos del Tokyo MOU cuentan una historia completamente diferente: en un solo mes se produjo un salto estadístico de proporciones históricas que no tiene precedente en la última década.
Cuando Pekín niega que las inspecciones portuarias sean un instrumento de presión política, está negando lo que la evidencia cuantitativa grita con claridad. No es opinión ni interpretación geopolítica — es una ruptura de patrón documentada por el propio sistema multilateral que China integra.
El número que lo dice todo
En los diez años anteriores, las detenciones de barcos panameños en puertos chinos durante el mes de marzo oscilaron entre 2 y 34. En marzo de 2026 llegaron a 92. No es un incremento marginal: es casi el triple del año anterior y más de siete veces el total de 2024.
El propio Tokyo MOU clasifica a Panamá como bandera de bajo riesgo en su régimen de inspección vigente desde julio de 2025 hasta junio de 2026. Es decir, el sistema multilateral que China integra y respeta cuando le conviene considera que los barcos panameños no requieren mayor escrutinio. Esa clasificación hace aún más difícil justificar el salto de marzo como una respuesta técnica legítima.
Cinco días que delatan una campaña
La fecha de inicio es otra pieza incómoda para el argumento chino. Según Lloyd's List, las autoridades portuarias comenzaron a emitir instrucciones verbales el 8 de marzo para intensificar las inspecciones de buques panameños — exactamente el mismo día en que se aceleró el conflicto por los terminales de Balboa y Cristóbal. La Comisión Federal Marítima de Estados Unidos describió las detenciones como realizadas "bajo el disfraz del control estatal portuario, muy por encima de las normas históricas".
En apenas cinco días — del 8 al 12 de marzo — China detuvo 29 barcos panameños, superando el total de cualquier mes completo de 2025. La proporción también es reveladora: en esa primera semana, los barcos panameños representaron más del 75% de todas las detenciones en China.
74% de las detenciones: la concentración que no miente
En el total del mes de marzo de 2026, los barcos de bandera panameña representaron el 74% de todas las detenciones registradas por el Tokyo MOU en puertos chinos. En los diez años anteriores, esa proporción nunca había superado el 43%.
Una concentración de este tipo no ocurre por deterioro repentino del estado técnico de una flota. La flota panameña es la más grande del mundo — más de 8,800 buques — y su desempeño histórico en controles portuarios es consistente de año en año. Lo que cambió no fue la calidad de los barcos. Lo que cambió fue la decisión política de intensificar las inspecciones.
El daño a terceros: Japón paga la cuenta
La negación de China tiene una consecuencia concreta que resulta difícil de explicar también desde el ángulo técnico: el 39% de los barcos panameños detenidos pertenece a armadores japoneses, según datos de Lloyd's List. Japón no tiene ninguna posición en la disputa por los terminales del Canal — pero sus buques pagan el precio de navegar bajo bandera panameña.
Esto expone una realidad del negocio marítimo global: la bandera de registro raramente refleja la nacionalidad del propietario. Armadores de Grecia, Japón, Alemania, China y decenas de países más registran sus flotas en Panamá por sus tarifas competitivas. Una represalia por bandera, en la práctica, es una represalia indiscriminada. Difícil cuadrar eso con la narrativa de controles técnicos de rutina.
El contexto que Panamá preferiría ignorar
Todo arranca en enero de 2026, cuando la Corte Suprema de Panamá anuló la concesión de Panama Ports Company — subsidiaria de CK Hutchison — para operar los puertos de Balboa y Cristóbal. En febrero, el gobierno panameño entregó la operación interina a APM Terminals (Maersk) y Terminal Investment Limited (MSC). Pekín lo interpretó como una capitulación ante la presión de Washington.
La respuesta fue escalonada: primero presión diplomática, luego Cosco suspendió servicios en Balboa el 11 de marzo, y paralelamente las autoridades portuarias intensificaron las inspecciones. Panama Ports Company escaló el conflicto reclamando más de $2,000 millones en arbitraje internacional. El tablero mezcla geopolítica, infraestructura crítica y control del comercio marítimo global.
En ese contexto, la posición de Panamá de minimizar las detenciones tiene más lógica como estrategia diplomática que como descripción de la realidad. Pero lo que hace sospechosa la negación no es la lectura política — es que los datos del propio organismo multilateral que arbitrara las reglas portuarias la contradicen con precisión aritmética.
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