La Apuesta Cuántica de EE.UU.: $2,000 Millones que Podrían Cambiar el Mundo (o no)
El gobierno de EE.UU. invierte $2,000 millones en nueve empresas de computación cuántica. Te explicamos qué es un qubit, por qué importa tanto y por qué no todos están convencidos de que sea una buena idea.
¿Qué es, exactamente, una computadora cuántica?
Para entender por qué esto importa, hay que entender qué hace diferente a una computadora cuántica. Las computadoras tradicionales almacenan información en bits, que solo pueden ser 0 o 1. Las computadoras cuánticas operan con qubits, que gracias a un principio de la mecánica cuántica llamado superposición pueden ser 0 y 1 al mismo tiempo. Esto les permite explorar millones de posibles soluciones simultáneamente, en lugar de probarlas una por una.
La mayoría de las tecnologías de computación cuántica actuales —como los qubits superconductores y los iones atrapados— requieren temperaturas cercanas al cero absoluto (-273.135 °C) para minimizar el ruido térmico que desestabiliza los qubits. Eso crea desafíos de ingeniería enormes y costos que hacen imposible tener una de estas máquinas en casa o en una oficina convencional.
La diferencia entre 0, 1 y todo lo demás: explicado sin fórmulas
Imagina que tienes una moneda sobre la mesa.
En una computadora clásica, esa moneda solo puede estar en dos estados: cara (1) o sello (0). Siempre una cosa o la otra. Así funciona cada bit de información en cualquier computadora, teléfono o servidor del mundo hoy: millones de interruptores que están encendidos o apagados, 1 o 0, sin término medio.
Ahora lanza la moneda al aire y mírala mientras gira. En ese momento de giro, la moneda no es cara ni sello: es las dos cosas a la vez, con cierta probabilidad de caer en cada lado. Eso, en esencia, es lo que hace un qubit cuántico. Puede ser 0, puede ser 1, o puede ser ambos simultáneamente mientras está en ese estado que los físicos llaman superposición.
¿Por qué eso importa tanto?
Supón que tienes que encontrar la salida de un laberinto enorme con mil caminos posibles.
Una computadora clásica lo resuelve probando un camino, fallando, volviendo, probando otro, fallando, volviendo... hasta encontrar la salida. Es rápida, pero trabaja en secuencia.
Una computadora cuántica, gracias a la superposición, puede explorar todos los caminos del laberinto al mismo tiempo. No los prueba uno por uno: los evalúa todos en paralelo, y al final colapsa hacia la respuesta correcta.
La diferencia en velocidad no es de unas pocas veces más rápido. Para ciertos problemas, es la diferencia entre tardar millones de años y tardar segundos.
El momento en que la magia termina
Aquí viene la parte complicada: el qubit solo está en superposición mientras nadie lo observa. En el instante en que el sistema "mide" el qubit para leer el resultado, la moneda cae. Se convierte en 0 o en 1, igual que una moneda clásica. El truco de la computación cuántica está en diseñar los cálculos de manera que, cuando eso pase, la respuesta correcta sea la que tiene mayor probabilidad de aparecer.
Eso requiere otro fenómeno cuántico llamado entrelazamiento: dos qubits pueden estar correlacionados de tal manera que el estado de uno determina instantáneamente el estado del otro, sin importar la distancia entre ellos. Einstein lo llamó "acción fantasmal a distancia" y le incomodaba profundamente, pero es real y medible.
El problema del ruido
El talón de Aquiles de todo esto es que los qubits son extraordinariamente frágiles. Cualquier vibración, campo magnético o variación de temperatura destruye la superposición, un fenómeno llamado decoherencia. Por eso las computadoras cuánticas actuales operan a temperaturas cercanas al cero absoluto, más frías que el espacio exterior. Y aun así cometen errores constantemente.
Resolver ese problema de estabilidad es exactamente la razón por la que el gobierno de EE.UU. acaba de invertir $2,000 millones: no es que la tecnología ya funcione perfectamente, es que quien la domine primero habrá ganado una ventaja computacional sin precedentes en la historia.
Quién recibe el dinero y para qué
IBM recibirá $1,000 millones para establecer una nueva subsidiaria llamada Anderon, destinada a fabricar obleas superconductoras de calidad cuántica en escala de 300 milímetros. IBM aportará otros $1,000 millones propios, lo que convierte a Anderon en la primera fundición cuántica pura de Estados Unidos.
El fabricante de chips GlobalFoundries recibirá $375 millones, mientras que D-Wave Quantum, Rigetti Computing e Infleqtion recibirán $100 millones cada una. El resto de los fondos se distribuye entre Atom Computing, Diraq, PSIQuantum y Quantinuum.
Las siete empresas más pequeñas abordarán múltiples modalidades cuánticas: átomos neutros, spin en silicio, superconductores, fotónica e iones atrapados, acelerando la investigación y el desarrollo en un frente amplio.
Los mercados respondieron de inmediato: las acciones de D-Wave subieron un 33%, Rigetti un 30% e Infleqtion alrededor del 31%. Otras empresas del sector que no recibieron fondos también se dispararon: Arqit subió un 25%, IonQ un 12% y Quantum Computing un 19%.
Por qué el gobierno quiere estar en este negocio
Dentro del CHIPS Act, el alcance del programa se ha ido expandiendo: inicialmente enfocado en fábricas de semiconductores y cadenas de suministro domésticas, sus desembolsos han incorporado cada vez más aceleradores de IA, infraestructura de energía y, ahora, fabricación y sistemas cuánticos.
El Departamento de Comercio señaló que "la computación cuántica tiene implicaciones significativas para la defensa nacional, el descubrimiento de materiales avanzados y biofármacos, el modelado financiero y los sistemas energéticos", y que "un ecosistema cuántico doméstico sólido es esencial para EE.UU."
Las aplicaciones que lo hacen tan prometedor
Farmacéutica y biomedicina. Al modelar con precisión el plegamiento de proteínas, las interacciones moleculares y la unión fármaco-receptor a nivel cuántico, los investigadores pueden identificar candidatos a medicamentos de forma mucho más eficiente que con métodos clásicos.
Ciberseguridad. La computación cuántica puede romper los métodos de encriptación actuales como RSA y ECC, pero también habilita una seguridad más robusta a través de criptografía resistente al quantum y claves de encriptación irrompibles. Las organizaciones están explorando la distribución cuántica de claves (QKD) para crear canales de comunicación seguros.
Finanzas y logística. Empresas como JPMorgan, Roche, BMW y Amazon están explorando activamente soluciones cuánticas para transacciones seguras, desarrollo de fármacos, innovación en baterías y optimización logística.
El debate: ¿apuesta inteligente o juego de casino con dinero público?
No todos están convencidos. El analista Tad DeHaven, del Instituto Cato, argumentó que los acuerdos son difíciles de justificar en términos puramente económicos: "Los defensores dirán que la computación cuántica es estratégicamente importante y que la tecnología de vanguardia requiere mucho capital. Puede ser verdad, pero ninguno de los dos argumentos justifica el cosplay de capitalista de riesgo de la administración." DeHaven advirtió además que las participaciones gubernamentales distorsionan la competencia y politizan las decisiones de inversión.
El debate sobre los tiempos tampoco está resuelto. Nvidia predice que las aplicaciones prácticas podrían estar a unos 20 años de distancia. Bill Gates ha especulado con que podrían llegar en solo tres. La inversión en startups cuánticas alcanzó los $12,600 millones en 2025, y los grupos industriales proyectan que el mercado podría más que duplicarse en los próximos años.
El momento es ahora, aunque el resultado no sea inmediato
Lo que sí es indiscutible es que la carrera cuántica global está en marcha. China, la Unión Europea y Alemania —que tiene un plan de acción con cerca de 3,000 millones de euros asignados— están invirtiendo a ritmo acelerado. Estados Unidos, con este movimiento, deja claro que no piensa quedarse atrás.
IBM estima que el ecosistema cuántico que está contribuyendo a construir generará hasta $850,000 millones en valor económico para 2040. McKinsey, por su parte, estima un impacto de $2.7 billones en la economía global para 2035. Si incluso una fracción de esas proyecciones se materializa, los $2,000 millones del gobierno habrán resultado ser la inversión más barata de la historia moderna.
Si no, habrán sido una lección cara sobre la diferencia entre apostar al futuro y financiarlo.
Juan Carlos Planells
Ingeniero Electrónico.