Expansión del 5G en Panamá: el reto de conectar la economía más allá de las ciudades
Panamá tiene cobertura móvil para el 96% de su población, pero solo el 68% de su territorio está cubierto. La licitación del tercer operador 5G, abierta el 9 de junio de 2026, es la mejor oportunidad en años para cerrar esa brecha. El pliego de condiciones definirá si el mercado lo logrará solo.
El 9 de junio de 2026, la Autoridad Nacional de los Servicios Públicos (ASEP) abrió formalmente la Licitación Pública No. 01-2026-Telco: una concesión de 20 años para operar telefonía móvil en todo el territorio nacional, con asignación de 40 MHz de espectro en la banda de 3.5 GHz —la frecuencia de referencia global para el despliegue de redes 5G— y opción de adquirir hasta 60 MHz adicionales. El ganador podrá desplegar una red 5G Stand Alone (SA) propia, sin depender de infraestructura 4G heredada. Será el tercer operador del país, en un mercado que desde la salida de Digicel en 2024 opera como duopolio entre Tigo y Cable & Wireless (+Móvil).
La pregunta que el proceso no responde por sí solo es si el nuevo operador llegará al interior del país, o si repetirá el patrón que ya tienen los dos actuales: concentración urbana, periferia desconectada.
Un duopolio que nació del vacío
Panamá llegó a este momento por un camino accidentado. Digicel, que era el tercer operador, abandonó el mercado en 2024 y sus activos no encontraron comprador. La ASEP intentó resolver la situación sin éxito y el mercado quedó con dos actores: Tigo (Millicom), con 2.9 millones de suscriptores, y Cable & Wireless (+Móvil), con 2 millones, según reportes financieros de ambos operadores al cierre de 2025 citados por DPL News. Tigo es el operador dominante en un mercado sin competencia real de precios desde la salida de Digicel.
La ASEP reportó 6.4 millones de líneas móviles activas al cierre de 2025, la mayoría en modalidad prepago. Es el indicador más claro de un mercado de baja fidelización y alta sensibilidad al precio.
Un duopolio produce consecuencias predecibles: menos presión para reducir tarifas, menos incentivo para invertir en zonas de baja densidad, y un techo implícito a la velocidad de despliegue de nuevas tecnologías. El 5G no autónomo (NSA) llegó a Panamá en 2025, pero opera como capa sobre infraestructura 4G existente y su cobertura se limita a las áreas urbanas principales.
El 68%: la cifra que define el verdadero reto
La ASEP interpreta la brecha entre cobertura poblacional y territorial como una oportunidad de inversión. Técnicamente lo es. Pero también es el mapa de una deuda: el 32% del territorio panameño sin cobertura móvil es, en buena medida, el mismo territorio donde viven las comunidades indígenas, los productores agropecuarios del interior y las zonas turísticas que el país quiere proyectar al mundo.
Darién, Bocas del Toro, las comarcas Ngäbe Buglé y Guna Yala son los puntos ciegos más documentados. Tigo reportó en 2021 haber conectado por primera vez a más de 300,000 panameños en 114 comunidades de estas provincias, como parte de una inversión de $200 millones entre 2020 y 2022. Cable & Wireless (+Móvil) avanzó en una dirección similar, conectando comunidades en la comarca Ngäbe Buglé, Bocas del Toro y Veraguas, usando incluso Starlink para llegar a Piedra de Amolar, en Cañazas, donde ningún operador convencional había llegado. Son avances reales, pero insuficientes para cerrar la brecha territorial.
El problema de fondo es económico: desplegar infraestructura en zonas de baja densidad tiene un costo por usuario que ningún modelo de negocio privado puede sostener sin subsidios, obligaciones de cobertura o asociaciones público-privadas. El 5G agrava esta ecuación. Requiere más antenas por kilómetro cuadrado que el 4G para funcionar bien.
La licitación: ¿una oportunidad con condiciones?
El adjudicatario recibirá espectro en la banda de 3.5 GHz con vigencia de 20 años. La ASEP ha establecido que las condiciones de precio están entre las más competitivas de la región, con un precio referencial de $235,034 por MHz. El proceso incluye una fase de precalificación donde los interesados deben demostrar capacidad legal, técnica y financiera antes de presentar oferta económica.
Lo que no está claro públicamente es si el pliego incluirá obligaciones de cobertura rural como condición de adjudicación, o si el nuevo operador tendrá libertad de concentrarse en los mercados rentables. La experiencia regional muestra que sin mandatos explícitos, los nuevos entrantes replican el patrón de sus competidores: Ciudad de Panamá primero, el interior después, o nunca.
"El acceso fijo inalámbrico permite conectar a quienes aún no cuentan con fibra o viven en zonas de difícil acceso. Es una herramienta fundamental para reducir brechas, impulsar el crecimiento económico y promover la inclusión digital."
— Jaime Gomezjurado, vicepresidente de Inteligencia para las Américas, Ericsson (Innovation Day Panamá, mayo 2026)
El 5G como plataforma, no solo como velocidad
En el Ericsson Innovation Day Panamá 2026, celebrado en mayo, el consenso entre autoridades, operadores y sector privado fue que el valor del 5G no está en la velocidad de descarga, sino en lo que habilita. Los casos de uso más relevantes para Panamá son concretos: automatización en tiempo real en los puertos, telemedicina en zonas rurales y sensores IoT en agroindustria.
Panamá tiene base real para ser un hub digital regional: posición geográfica, red de cables submarinos e infraestructura de centros de datos. El 75% de las empresas panameñas ya opera en la nube, según IDC Latinoamérica.
Pero ese potencial tiene un límite claro. Si el 5G no llega al Canal de Panamá, al Puerto de Colón, a los corredores logísticos del interior y a las zonas agropecuarias de Chiriquí o Azuero, el país construirá una economía digital de dos velocidades: una conectada y competitiva en la capital, otra analógica y excluida en el resto del territorio.
Lo que sigue
La ASEP también ha mencionado el horizonte del 6G y la expansión del IoT como metas de mediano plazo. Son objetivos válidos para un regulador con visión de futuro. Pero antes de llegar ahí, el país tiene una decisión más urgente: definir si el tercer operador será el agente que cierre la brecha territorial, o simplemente un competidor más que pelea por los mismos mercados urbanos que ya tienen cobertura.
La concesión de 20 años significa que lo que se decida hoy define la geografía digital de Panamá hasta 2046. El espectro ya está asignado. Las condiciones, sobre el papel, son atractivas. Lo que falta es que el pliego exija lo que el mercado solo no dará: cobertura donde más se necesita.