EEUU logra convertir plástico en gasolina y diésel con aluminio y sales fundidas
Investigadores del Oak Ridge National Laboratory transforman polietileno en combustible líquido a menos de 200 °C, sin metales nobles ni hidrógeno externo. Rendimiento de gasolina: 60%.
Un equipo del Departamento de Energía de EEUU transforma residuos plásticos en gasolina y diésel con un sistema basado en aluminio y sales fundidas, según un estudio publicado el 13 de abril de 2026. El trabajo, desarrollado en el ORNL (Oak Ridge National Laboratory, el principal laboratorio de ciencias de energía del gobierno federal de EEUU) y publicado en la Journal of the American Chemical Society, abre vías hacia combustibles sin dependencia directa del petróleo y con potencial de menores costos industriales.
Cómo funciona el proceso
El método usa polietileno —el plástico más común del mundo, presente en botellas, bolsas y envases— como materia prima. A diferencia de otros enfoques de reciclaje, no lo convierte en el mismo plástico sino en fracciones de hidrocarburos (cadenas de carbono e hidrógeno del tamaño adecuado para usarse como gasolina o diésel).
El proceso opera por debajo de 200 °C —temperatura relativamente baja para química industrial— y usa sales fundidas con cloruro de aluminio que actúan simultáneamente como disolvente y catalizador (sustancia que acelera la reacción química sin consumirse). Esto elimina la necesidad de metales nobles (platino, paladio, rodio —materiales escasos y muy caros usados en catalizadores industriales convencionales—), hidrógeno externo ni disolventes orgánicos.
En pruebas de laboratorio, el rendimiento de gasolina alcanza cerca del 60% del material procesado.
El punto débil: las sales absorben agua
Los autores identifican un reto clave: la higroscopicidad de las sales —su tendencia natural a absorber humedad del ambiente, lo que las degrada y complica su manejo industrial. El equipo plantea optimizar el confinamiento y reutilización de las sales en procesos continuos, un factor determinante para los costos operativos si la tecnología escala a nivel industrial.
Según Sheng Dai, responsable del proyecto, el sistema del ORNL 'resuelve dos problemas fundamentales': facilita la escalabilidad y prescinde de un iniciador para arrancar las reacciones, lo que simplifica la ingeniería del proceso.
Por qué importa para América Latina
La región genera millones de toneladas de residuos plásticos al año con infraestructura de reciclaje limitada. Una tecnología que convierta ese desecho en combustible líquido podría tener aplicaciones tanto en gestión de residuos como en seguridad energética, reduciendo la dependencia de importaciones de derivados del petróleo. Aún está en etapa de laboratorio; la transición a escala industrial requeriría resolver los retos de las sales y demostrar viabilidad económica en contextos de menor infraestructura.
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