Trump declara que EE. UU. “administrará” Venezuela y abre una etapa de control político y petrolero sin precedentes
Trump afirmó que EE. UU. administrará Venezuela y retomará el control de su petróleo tras la captura de Maduro. Washington habla de una tutela política bajo amenaza militar, en un giro que revive la diplomacia de cañonero y eleva el riesgo regional.
Trump declara que EE. UU. “administrará” Venezuela y abre una etapa de control político y petrolero sin precedentes. El presidente estadounidense afirmó que Washington dirigirá Venezuela por un período indefinido, emitirá órdenes a su gobierno y recuperará el control de sus recursos petroleros, un giro radical en la política exterior de EE. UU. que revive esquemas de intervención directa poco vistos desde comienzos del siglo XX.
Las declaraciones se produjeron en Mar-a-Lago, horas después de que Nicolás Maduro y su esposa fueran capturados por fuerzas estadounidenses en una operación extraterritorial. Trump aseguró que Delcy Rodríguez quedaría a cargo del país mientras “haga lo que queremos”, una afirmación rechazada por la propia Rodríguez, quien acusó a Washington de invadir Venezuela bajo falsos pretextos y sostuvo que Maduro sigue siendo el jefe de Estado.
Aunque la Casa Blanca evitó hablar de “ocupación”, describió un esquema cercano a una tutela política: Estados Unidos definiría el rumbo del país y el gobierno interino debería ejecutarlo durante una transición, bajo amenaza de nuevas acciones militares. Trump advirtió incluso que podría haber una “segunda ola” con tropas sobre el terreno si enfrenta resistencia.
El secretario de Estado adoptó un tono más cauteloso y dijo que Washington evaluará a las nuevas autoridades por sus acciones en las próximas semanas, dejando abierta una cooperación condicionada.
Trump dejó claro que el objetivo central es el petróleo, argumentando que Venezuela “robó” activos estadounidenses y que ahora EE. UU. los recuperará, con compensación prioritaria para intereses norteamericanos antes de que —según su predicción— los venezolanos vuelvan a enriquecerse. Con ello, abre explícitamente un capítulo de nation-building impulsado por recursos naturales, respaldado por poder militar.
Expertos advierten vacíos legales y riesgos estratégicos: el procesamiento penal de Maduro no otorga base jurídica para gobernar el país; no está claro quién controlará tribunales, fuerzas armadas o el sector petrolero; ni qué ocurrirá si futuras elecciones producen un liderazgo contrario a Washington.
La magnitud del desafío es alta. Venezuela es más grande que Irak y tiene una estructura militar propia. Analistas señalan que la reacción de las fuerzas armadas será decisiva: una fractura podría detonar violencia; una alineación total daría legitimidad al nuevo esquema.
En los hechos, EE. UU. parece regresar a una lógica de diplomacia de cañonero, combinando fuerza militar, control económico y presión regional. El riesgo es quedar atrapado en un conflicto prolongado que incluso sectores afines a Trump han advertido históricamente.
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