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EE. UU. y Taiwán sellan pacto de US$250 mil millones para blindar la cadena de chips
Photo by Timo Volz / Unsplash

EE. UU. y Taiwán sellan pacto de US$250 mil millones para blindar la cadena de chips

EE. UU. y Taiwán sellaron ayer un pacto histórico: empresas taiwanesas invertirán US$250 mil millones en plantas de chips en suelo estadounidense. El objetivo es reducir la dependencia global de la isla, que fabrica el 90% de los chips más avanzados.

Estados Unidos y Taiwán anunciaron ayer un acuerdo comercial histórico para blindar la cadena de suministro de semiconductores, con un compromiso de inversión de US$250 mil millones por parte de empresas taiwanesas para expandir la fabricación de chips en suelo estadounidense. El pacto busca reducir la dependencia crítica de la economía global de Taiwán, que produce más del 90% de los semiconductores más avanzados del mundo. Para los líderes de negocios en Latinoamérica, este movimiento reduce el riesgo de una parálisis total de la cadena de suministro a corto plazo, pero acelera una era de mayores costos y fragmentación tecnológica, obligando a reevaluar la dependencia de proveedores y la planificación estratégica.

El acuerdo, liderado por gigantes como TSMC, es una consecuencia directa de la política industrial estadounidense impulsada por el CHIPS Act. A cambio de la masiva inversión, Washington ofrecerá garantías de crédito y un tope del 15% a ciertos aranceles. Empresas como TSMC, que ya construyen plantas multimillonarias en Arizona, podrán importar equipos y materiales sin tarifas adicionales durante la fase de construcción. Este incentivo es clave para acelerar la relocalización de una parte de la producción, aunque la manufactura más avanzada y el ecosistema de innovación seguirán concentrados en Taiwán en el mediano plazo.

A pesar de la magnitud del acuerdo, el dilema del “escudo de silicio” —la idea de que la importancia de Taiwán disuade una acción militar china— sigue vigente. Pekín aún no ha reaccionado oficialmente, pero se espera que condene el pacto como una provocación. Para las empresas, la conclusión es clara: la era de una cadena de suministro tecnológica globalizada y de bajo costo ha terminado. La geopolítica es ahora un factor no negociable en el costo y la disponibilidad de la tecnología que impulsa prácticamente todas las industrias.

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