Confianza del consumidor en EE. UU. cae al nivel más bajo desde 2014 impactando la economía global
La confianza del consumidor en Estados Unidos cae bruscamente a 84.5 en enero 2026, su nivel más bajo desde 2014, reflejando inquietud por la economía y el empleo. Esta caída puede afectar la dinámica económica global y la economía dolarizada de Panamá.
El índice de confianza del consumidor en Estados Unidos sufrió una caída significativa en enero de 2026, alcanzando su nivel más bajo desde 2014, según informó The Conference Board el 27 de enero. La medición descendió 9.7 puntos para ubicarse en 84.5 puntos, desde una revisión al alza de 94.2 en diciembre de 2025. Este desplome refleja un aumento del pesimismo entre los consumidores ante las perspectivas económicas y la situación laboral.
El índice de Situación Actual, que evalúa la percepción de los consumidores sobre las condiciones comerciales y del mercado laboral presentes, disminuyó 9.9 puntos a 113.7. Además, la proporción de consumidores que consideran que hay abundancia de empleos cayó a 23.9% desde el 27.5% del mes anterior, mientras que los que esperan más empleos en seis meses disminuyeron a 13.9% desde 17.4%. Estas estadísticas reflejan una percepción menos favorable del mercado laboral que contradice los datos oficiales y evidencia inquietudes sobre el impacto de la automatización y tecnologías como la inteligencia artificial.
Este deterioro en la confianza del consumidor ocurre semanas después de un recorte en las tasas de interés de la Reserva Federal en diciembre, que inicialmente había bajado las expectativas sobre las tasas futuras. A pesar de esta medida, la confianza y el gasto planificado en servicios por parte de los consumidores han mostrado señales de debilidad para los próximos seis meses. Dado que el consumo representa una parte importante del crecimiento económico de EE. UU., esta tendencia puede tener repercusiones en la economía global y, en particular, en economías dolarizadas interconectadas como la de Panamá. La inquietud se asienta en un momento en que, a pesar del crecimiento robusto del PIB y bajas tasas de desempleo reportadas, la percepción social comienza a mostrar señales de estrés y cautela, con un impacto potencial en decisiones de inversión y crédito a nivel regional.
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